Nibbles, el dragón olvidadizo
Nibbles, un dragón gordito y olvidadizo, detiene a los Vientos Zumbadores con un rugido chillón y descubre que también es valiente, inteligente y querido.
En una cueva acogedora al borde de Dragonville vive Nibbles, un dragón gordito que no da miedo, pero sí muchas risas. Siempre olvida cosas: pierde la cola, chilla en vez de rugir y hasta intenta comer ensalada con una cuchara. Aunque sus amigos lo animan, él sueña con recordar algo grande e importante. Cuando una noche llegan los traviesos Vientos Zumbadores y ponen todo patas arriba, Nibbles recuerda un túnel secreto detrás de la cascada. Con su rugido más grande —un chillido muy gracioso— logra hacer reír a los vientos hasta que se duermen. Al final, Nibbles descubre que, aunque sea olvidadizo, también es valiente, inteligente y muy importante para los demás.
En el borde de Dragonville, una cueva acogedora guardaba a un dragón gordito llamado Nibbles. No era nada feroz, solo muy, muy olvidadizo.
Nibbles perdía su cola (estaba detrás de él), chillaba en vez de rugir, ¡y una vez intentó comer ensalada con una cuchara! El divertido Nibbles siempre hacía reír a los demás dragones.
Los dragones amigos lo ayudaban. 'No te preocupes, Nibbles', decían. Aun así, él deseaba recordar algo grande e importante, aunque fuera una sola vez en su vida.
Una noche estrellada, un viento salvaje aulló. '¡Oh, no!', gritó el anciano. '¡Los Vientos Zumbadores vienen!' Nibbles parpadeó. '¿Vientos… qué?'
'¡Son ráfagas juguetonas que lo ponen todo patas arriba! Debemos batir las alas juntos para alejarlas.' Los dragones se formaron—fuuu, flap, fuuu—pero la tormenta siguió fuerte.
Nibbles sintió ese cosquilleo de 'otra vez olvidé'. La vieja campana del clima sonó—¡Din! ¡Din! ¡FLASH! Un recuerdo saltó a su cabeza como un relámpago.
'¡El túnel de la cueva detrás de la cascada!' gritó. '¡Lleva al valle donde duermen los Vientos Zumbadores!' El anciano jadeó. '¿Lo recordaste?' Nibbles asintió, sorprendido.
Nibbles batió sus alas por el túnel y llegó a un valle que giraba. Lanzó su rugido más grande, un chillido. Fue tan gracioso que los Vientos Zumbadores rieron, dieron vueltas y se quedaron dormidos.
De vuelta en Dragonville, el cielo se calmó. Todos vitorearon: '¡Lo lograste, Nibbles! ¡Recordaste el túnel secreto y nos salvaste!'
Nibbles se sonrojó. 'Parece que no lo olvido todo.' El anciano le colocó una medalla brillante. La cinta decía: 'Campeón del Rugido Chistoso'.
Esa noche, Nibbles se acurrucó en su nido de musgo. Perdió su libro y olvidó cepillarse los dientes, pero recordó esto: era valiente e inteligente.
Aunque olvidara cosas, sabía que importaba. Con un suave ronquido, Nibbles soñó un gran y valiente sueño. Buenas noches, pequeño. Sueña en grande, aunque a veces olvides.